LA REVISTA ELLE & DE VIAJES, PUBLICA UN ARTÍCULO SOBRE NUESTRA LOCALIDAD
viernes, 28 de noviembre de 2014
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Antiguas construcciones abandonadas fueron en el pasado poblado donde británicos establecieron ricas viviendas.

Recorre antiguas minas romanas en un tren, conoce los vestigios de sus poblados mineros y saborea la contundente repostería del lugar.

Si le echas un vistazo al mapa del Andévalo te llamará la atención un nombre que parece no pertenecer a esta zona ni a esta época: Tharsis. Se cree que el origen de semejante toponimia se remonta a los mismísimos tartessos –la primera civilización occidental según los griegos– que se establecieron durante la Edad de Bronce en el suroeste de la Península Ibérica. Hay historiadores que incluso afirman que esta Tharsis no es otra que la que menciona el Antiguo Testamento, aquella de la que volvía el Rey Salomón con las naves cargadas de “oro, plata, marfil, monos y pavos reales”.

Sea como fuere la historia, lo cierto es que en las inmediaciones de la actual Tharsis se hallaron vestigios mineros de época fenicia y romana, igual que se encontrarían un poco más al sur, en la famosa cuenca minera del río Tinto. Los paisajes que hoy puedes contemplar –labrados por cortas y surcados por galerías– tienen una historia mucho más reciente, de mediados del siglo XIX, cuando una compañía escocesa se instaló aquí para explotar los recursos de cobre y azufre. 

Hoy en Tharsis puedes visitar dos zonas muy diferenciadas: una, la de la propia mina (en desuso desde hace 13 años) y que en 2010 fue acondicionada para las visitas con caminos y barandillas de seguridad. La otra, la zona residencial de los británicos que se establecieron aquí, quienes levantaron sus ricas viviendas, sus propias escuelas, centros médicos e incluso cementerio, construcciones que hoy se encuentran en estado de abandono.

Junto a la mina está Pueblo Nuevo, donde aún se conservan las casas mineras y el antiguo casino, que sigue ejerciendo como centro de encuentro social. El antiguo hospital minero alberga hoy el Museo de Tharsis, donde se exhiben, entre otras cosas, una locomotora de vapor y varios vagones de los trenes que unían esta población con Huelva. Por cierto, acaban de recuperar una parte de este trazado ferroviario, por lo que también podrás subirte al tren turístico que lo recorre (visita guiada a minas, colonia inglesa y museo: 8 euros. En Tél. 959 25 33 35).  

Rescatado del olvido

Otro lugar que recuerda el pasado minero del Andévalo es la escueta aldea de La Isabel, perteneciente al municipio de El Almendro. Este caserío de antiguas viviendas obreras quedó deshabitado en el año 1974 debido al cierre de la empresa que explotaba las vecinas minas de La Isabel. Después de permanecer en el olvido durante años, se fueron recuperando algunas casas para el turismo de fin de semana y en 2012 abrió un alojamiento de agroturismo que ha ayudado a devolver cierta actividad a estos parajes.

Desde La Isabel parte, además, la Vía Verde del Guadiana, que recorre el antiguo trazado del ferrocarril que unía las minas de La Herrería con el Puerto de la Laja, situado a 17 kilómetros de aquí. La ruta, que discurre por el típico paisaje onubense de dehesas, pasa por varias instalaciones mineras abandonadas, como el poblado del Sardón (del que poco queda a parte del antiguo apeadero) o el propio puerto fluvial de La Laja, que aún conserva los silos en los que se almacenaba el material antes de ser embarcado rumbo al resto del mundo.

Días de rosas y miel

El pasado minero de esta comarca no solo es patente en sus paisajes, sino también en su contundencia gastronómica: aquí las recetas se idearon para cubrir las necesidades energéticas del duro trabajo en la mina. En la vecina Puebla de Guzmán, acércate hasta el mesón La Comarcal (Pozo Nuevo, 2. Tél. 959 38 91 68), un  restaurante enclavado en lo que fue un antiguo almacén de trigo. Aquí, la guisadora de la casa te preparará encantada una carrillada en salsa (9 euros), un jugoso rabo de toro (9 euros) o alguno de los dulces tradicionales por los que es famoso el Andévalo. Nuestros favoritos son los roscos de puño, las tortas abizcochás y las rosas con miel.

-ELLE & de Viajes-

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